Empezar perdiendo


Aunque al final salgan las cosas, que saldrán, el Mundial de vela de Santander 2014 está dejando una imagen de la organización de eventos deportivos en España penosa. Un rastro de juicios, corrupción, infraestructuras inútiles de las que ni siquiera se plantean usos futuros con lógica, descoordinación entre instituciones y políticos y una larga lista de piedras en el camino, algunas buscadas y otras inesperadas.
A la espera de que la semana que viene llegue un nuevo patrocinador que aporte unas migajas, medio millón de euros, y ya con el convencimiento de que no se cubrirá el presupuesto de mínimos, el deporte en estado puro en el agua y los buenos resultados en forma de medallas, serán los que deban salvar la cita.
El Mundial será low cost, tanto que las 68 lanchas neumáticas que se debían comprar para las regatas tienen que ser cofinanciadas por particulares y federaciones territoriales. Cada una de ellas cuesta entre 12.990 y 15.590 euros, dependiendo del modelo, pero si se compran para el Mundial su precio se reduce un 15% a cambio de dejarlas a préstamo en Santander durante el mes de septiembre. La idea no es mala, no era necesario comprar material que se no se iba a utilizar después, pero todo marcha lento y con retraso y si no se cumplen las expectativas y no hay dinero para casi nada la pregunta es: ¿quién compra las lanchas?



Y el esperpento en el Mundial de vela continúa como un ciclo sin fin. Un anuncio en el portal oficial del Servicio Cántabro de Empleo que suena a broma pero es real: "Se busca regatista olímpico para competir en el evento...". Suponemos que será un error, claro.