Sardi ha vuelto a la ciudad



Sardi resurgió en la cabalgata de los Reyes Magos de Santander, afortunadamente sin olor a pescado podrido a pesar del tiempo transcurrido desde su última aparición. La ex mascota del Mundial de vela lucía lozana y en plena forma, incluso se dio un baño de masas con el consiguiente cachondeo en redes sociales. Liberar a Sardi ha resultado más sencillo que a Willy. Resulta complicado explicar qué pintaba una sardina con patas en el desfile navideño. Quizá su presencia se debe a que hay que recordar a los santanderinos que el año pasado se celebró el evento deportivo de cara las próximas elecciones o un pequeño guiño a los fans de Sardi, que los tiene. Lo cierto es que la simpática sardinilla es prácticamente el único legado que dejó el Mundial y parece que se pasa la mayor parte de sus días encerrado en un armario sin vida. Sí, es cierto también han quedado algunas infraestructuras. La famosa Duna escalonada continua como adorno de la bahía y no es del todo inútil. Un soleado miércoles de enero descubrimos en sus escalones o aledaños a una treintena de personas y un perro (muy habituales). Algunas parejas magreándose, otras merendando sin mucha higiene ni civismo o solitarios disfrutando de la lectura de un libro. Las infraestructuras permanecen, pero a las infraestructuras hay que darles vida. Una plaza con inmejorables vistas de más de dos millones de euros requiere que se programe algo de vez en cuando. Por lo menos, es un área que se puede disfrutar por todos mejor que el Palacio de los Deportes de la ciudad, en el que cuesta ver deporte de nivel con asiduidad.

El interior de la Duna con algunos barcos.
En el interior de la Duna se almacenan algunas embarcaciones pequeñas y velas de windsurf, aunque el exterior del CEAR de vela sigue plagado de barcos. No hay sitio y se ha quedado pequeño, algo sorprendente... Cabe recordar que se derribaron unas naves nuevas en las que cabían más embarcaciones y más grandes para construir  este estadio náutico desde el que pocas competiciones se ven. Sin duda, la planificación para que creciera el centro no ha sido la más adecuada. De momento, pese a su construcción apresurada y abaratada, no hay muchos signos de deterioro en la Duna, aunque el piso parece tener algún problemilla con la humedad.


Trabajar para que una ciudad aproveche su potencial con la vela es una carrera de largo plazo. Conseguir el Mundial para Santander fue un sprint, pero hay que continuar. Se requiere un plan a largo plazo no una improvisación tras otra. Se pueden organizar semanas náuticas, campeonatos de España o de Europa de la infinidad de clases existentes o potenciar las regatas locales. La bahía gaditana ya acogió un Mundial de vela, el primero de la ISAF en 2003, y otro más oficioso, Mundovela, en 1992, y en 2014 el Puerto de Santa María era sede de un nacional de Laser Radial o el Campeonato de España de vela infantil entre otras muchas pruebas.



Lo triste es que no se ha hecho nada por fomentar la vela en la base, pese a que es el deporte que recibe la mayor cantidad de dinero del Ayuntamiento (80.000 euros) para mantener el centro de alto rendimiento, sede del equipo olímpico. O incluso acercar este deporte a los adultos con programas especiales que animen a la gente a probarlo. Hacer cantera. Igual que los niños se apuntan en masa a cursos de surf se puede intentar algo similar con la vela ligera. Según las cifras oficiales han pasado 25.000 alumnos a lo largo de los quince últimos años por la escuela de vela y apenas unas decenas siguen navegando. Algo falla. Un Mundial de cualquier deporte no es construir infraestructuras. Ya analizamos en el último número de la revista el plan para convertirse en una ciudad de la vela de Aarhus, la sede del próximo Mundial de clases olímpicas de vela. Ciudades como Barcelona, Palma, Valencia o Alicante también trabajan en proyectos que quieren aunar deporte y turismo alrededor de la náutica. No es organizar una prueba y poner un punto y final. En Santander, de momento, no se adivina ninguna estrategia ni un plan a largo plazo para aprovechar esa buena relación con los deportes náuticos. Rezar para que el equipo olímpico se quede aquí, pese a las altas tasas económicas que impone la Autoridad Portuaria. El Mundial ha resultado ser una isla, con sus problemas de organización y corruptelas. Es cierto que el evento fue un éxito en lo popular, gracias a que los ciudadanos se volcaron con la novedad, y una incógnita en lo económico y en la repercusión. Las cifras del estudio, encargado ad hoc por el Consistorio, eran tan irreales como fantasiosas. La pena es que ese potencial que tiene la ciudad para explotar todo lo que tenga que ver con la náutica deportiva se ha quedado en agua de borrajas.


El 16 de enero el Real Club Marítimo de Santander ha anunciado la Semana Grande del Crucero, una regata para esta clase que se celebrará en julio coincidiendo con las fiestas de la ciudad y que contará con el patrocinio del Ayuntamiento. Se pretende atraer a participantes del País Vasco, Asturias, Galicia y Francia. La presencia de Sardi está asegurada. Poco más.
Un mes después, en septiembre, Santander acogerá la primera Semana Internacional de la Vela Ligera justo cuando se cumplirá un año del Mundial de clases olímpicas. Nada oficial. Será una bonita manera de recordar el evento y de iniciar un certamen que tiene la complicada misión de consolidarse en el calendario nacional.  Esa Semana Internacional de la Vela Ligera incluirá el Nacional de la clase Snipe Máster y el XIII Trofeo de la AECN, la Asociación española de clubes náuticos. El Campeonato de España para Snipe era uno de los pocos que figuraba sin sede en el calendario de la Federación Española, al que no hay más que echar un vistazo para ver lo que se organiza en otros sitios, mucho, y lo que se organiza en Santander, nada. El no figurar en el listado oficial es debido a que se ha programado a última hora. Ciudades como Cádiz tienen más de una decena de regatas en ese calendario oficial. Lo mismo ocurre con Vigo, Torrevieja, Blanes, Valencia, Palma...
Las de Santander son competiciones nuevas, de carácter más local que nacional, y con sus incertidumbres, pero por lo menos caminan en esa línea de lograr que Santander sea una referencia para este deporte, aunque sea tarde y mal. Todavía queda mucho por recorrer. 
Todos los barcos no caben en el interior de la Duna.